Monitores gaming explicados: tasa de actualización, resolución y tipo de panel

monitores gaming

Cualquier gamer compartirá la opinión de que comprar un monitor para jugar es mucho más que decidir el tamaño de la pantalla. Cualquier tienda especializada ofrecerá una larga lista de especificaciones y términos que, en principio, pueden ser difíciles de entender, como 144 Hz, 240 Hz, IPS, VA, OLED, QHD, FreeSync, G-SYNC… La cuestión es que ninguno de esos datos tiene sentido por sí solo. Lo realmente importante es entender cómo encajan entre sí y qué utilidad tienen según el uso que vaya a recibir el monitor.

Los hercios como parte de lo importante

La tasa de refresco indica cuántas veces por segundo es capaz de actualizarse la imagen. Dicho de otra forma, cuanto mayor sea esa cifra, más continuidad habrá en el movimiento que vemos en pantalla.

Hace apenas unos años, 60 Hz era el estándar para casi todo el mundo. Hoy es habitual encontrar modelos de 144, 165 o incluso 240 Hz, pero eso no significa que todos los jugadores necesiten frecuencias tan altas.

Si se juega principalmente a títulos competitivos, donde cada movimiento cuenta, una tasa de refresco elevada suele aportar una sensación de mayor fluidez. En cambio, para aventuras narrativas, estrategia o juegos tranquilos, la diferencia suele pasar mucho más desapercibida.

Además, un monitor gaming solo puede mostrar los fotogramas que genera el ordenador. Si la tarjeta gráfica produce 70 imágenes por segundo, disponer de una pantalla de 240 Hz no hará aparecer fotogramas que no existen.

El tiempo de respuesta merece algo de contexto

Otra cifra que suele aparecer en letras enormes es el famoso «1 ms», un valor que sugiere que, cuanto más bajo sea ese número, mejor será el monitor, pero la realidad es bastante más compleja.

El tiempo de respuesta refleja la rapidez con la que cambian los píxeles de un color a otro. Cuando esa transición es lenta pueden aparecer pequeñas estelas detrás de los objetos en movimiento, un efecto conocido como ghosting.

Lo que ocurre es que cada fabricante utiliza métodos distintos para medir ese dato. Por eso dos monitores anunciados con el mismo tiempo de respuesta pueden ofrecer resultados bastante diferentes cuando se utilizan en condiciones reales.

Cada tipo de panel tiene sus puntos fuertes

Durante mucho tiempo la elección solía reducirse a IPS o VA. Ahora la llegada del OLED ha ampliado las posibilidades.

Los paneles IPS siguen siendo una apuesta muy equilibrada. Ofrecen colores naturales, buena fidelidad de imagen y mantienen esa calidad incluso cuando la pantalla se observa desde un lateral, se trata de una opción muy habitual para quienes alternan juegos con tareas de edición o diseño.

Los VA, por su parte, destacan sobre todo por el contraste. Los negros suelen resultar más profundos y las escenas oscuras ganan intensidad, algo que muchos usuarios agradecen al jugar o ver películas.

En el caso del OLED, cada píxel emite su propia luz, lo que permite conseguir negros prácticamente perfectos y un contraste espectacular. También responden con enorme rapidez. A cambio, siguen siendo monitores más caros y conviene utilizarlos con ciertas precauciones cuando permanecen muchas horas mostrando imágenes estáticas.

¿Más resolución mejor compra?

La resolución determina el nivel de detalle que puede mostrar la pantalla. Full HD continúa siendo la opción más extendida, aunque cada vez hay más usuarios que dan el salto a QHD o incluso a 4K.

Ahora bien, subir de resolución también aumenta el trabajo que debe realizar la tarjeta gráfica. Un ordenador capaz de mover un juego sin problemas en Full HD puede tener muchas más dificultades si ese mismo título se ejecuta en 4K.

Por eso muchos aficionados consideran que QHD representa actualmente uno de los puntos de equilibrio más interesantes entre calidad de imagen y rendimiento.

La sincronización adaptativa ayuda a que todo vaya más fino

Las tecnologías de sincronización adaptativa, como FreeSync o G-SYNC Compatible, buscan que monitor y tarjeta gráfica trabajen al mismo ritmo.

Cuando ambos dispositivos están sincronizados, es menos probable que aparezcan cortes horizontales en la imagen o pequeñas irregularidades durante el movimiento, logrando que la experiencia resulte más estable y agradable.

Al final, elegir un monitor gaming consiste en valorar el conjunto. Un modelo con muchos hercios es una mala elecciónsi sacrifica calidad de imagen, del mismo modo que una resolución muy alta pierde parte de su atractivo si el equipo no puede mover los juegos con soltura. Conocer qué aporta cada especificación permite comparar con criterio y escoger una pantalla que se adapte realmente a la forma de jugar de cada usuario.